LAS MARCAS CANTERAS

El origen de las marcas canteras puede situarse hace 4.600 años en la cultura de Quetta dada en la zona de Afganistán-Pakistán. Allí los ceramistas comenzaron a realizar marcas personales en sus obras con el objetivo de crear un producto distintivo y así reconocerse como os autores de sus piezas. Se denominan signos de alfarero y ello evolucionaría a la firma.

El siguiente paso lo damos en Egipto donde se realizaban marcas canteras en los sillares, tanto en el momento de su extracción en la cantera como posteriormente en su colocación.

A partir de los romanos, seguramente por la presencia de los bárbaros, esta práctica se abandona y no es hasta a Edad Media cuando vuelve a recuperarse con la cultura cristiana europea, de este modo el método constructivo de signar la piedra vuelve a aparecer con gran fervor.

Las marcas canteras nos permiten conocer o intuir el recorrido de los diferentes talleres y maestros. Esto se debe a que, al ser dicha marca su signo distintivo, uno puede fijarse en cuantos edificios podemos encontrar su grabado y de esa manera intuir cuanto trabajo tenían, que talleres colaboraban juntos, por donde se movían, etc.

Pero nunca hay que olvidar que posiblemente un mismo signo podría ser utilizado por diferentes canteros, y por ello hay que tener cuidado al hablar de las piezas pertenecientes a un taller.

A continuación podemos ver una selección de marcas canteras que están grabadas en los muros tanto interiores como exteriores de San Isidoro de León (León, Castilla-León) y que se encuentran también en otros edificios de esta provincia.